viernes, 18 de mayo de 2018

Cine contra espectáculo II

En esta nueva entrada continúo citando algunos fragmentos del libro de Comolli "Cine contra espectáculo", que no podía dejar de lado, y que esclarecen un poco más la postura que he tomado. En ellos se despliega con mucha claridad la oposición fundamental, e irreconciliable, entre dos formas de entender el cine (irreconciliable en sus extremos, no en sus zonas grises o de intercambio, que ha dado grandes obras). 
Me interesa además el breve pero contundente análisis que Comolli realiza sobre las características de las imágenes que hoy nos inundan. 

Comilli reflexiona sobre los recursos formales que se oponen a las formas del espectáculo audiovisual: 

"[...] duraciones que se sostienen, materialidades documentales opuestas a la generalización de lo virtual, montajes articulados, palabras que no sólo son un complemento psicológico y expresan en cambio el sentido de una historia común, de una comunidad a la vez posible e imposible. Otros tantos antídotos, me parece, al desastre contemporáneo de las imágenes para nada y de las palabras para poca cosa, de esas aceleraciones y precipitaciones frenéticas, impacientes, egoístas, que a nuestros sucesores les parecerán tal vez la inscripción irrefutable de la pulsión de muerte que nos arrastra en su desmesura espectacular."

Comolli en otro pasaje reflexiona sobre una gran película de Jean Renoir, que ligada al cambio de percepción en el espectador del siglo XXI, resulta en general un tanto insoportable:

"[...] se convierte de repente en fastidiosa, engorrosa. El tiempo de la encarnación se juzga demasiado largo, demasiado lento. Exige una atención demasiado sostenida. La ambigüedad fundamental de la imagen cinematográfica (analogía/duración) solo puede permitir esperar un goce moroso en llegar, diferido; la duda, la vaguedad, el extravío, la perplejidad, el suspenso mismo reclaman demasiado tiempo de visión. El modo de lectura de la información periodística se impone. Rápido, claro, objetivo." 

"Veo crecer el cansancio de los espectadores ante la representación de la figura humana en su ambigüedad, su resistencia a conformarse a la norma; un cansancio frente a un cine no promocional, que no tiene nada para vender porque su deseo está en otra parte. En los medios, los programas de juegos de la televisión, las publicidades, ese cansancio se traduce en una impaciencia, una prisa por maltratar la figura, por desfigurarla. La figura humana se ha convertido en el objeto de la furia de las imágenes. Demasiado bien lo sabemos: los cuerpos heridos, torturados, asesinados, son el pan cotidiano de las imágenes difundidas por los medios. A la ofensa sufrida por el sujeto filmado se agrega la ofensa de una figuración destructiva."

También Comolli habla sobre "el florecimiento de las llamadas películas documentales" (se puede pensar en Kiarostami como referente), como contraposición a lo anterior:

"No se si todo esto basta para explicar el florecimiento vertiginoso de las llamadas películas "documentales" a través del mundo y en todos los continentes. Por doquier se cierne la sospecha de una borradura de lo real, y como parece urgente y crucial intentar retener algo de él antes de que desaparezca por completo, se solicita paradójicamente la intervención del cine, ese mismo cine que, lo sabemos, fue uno de los vectores de esa borradura."

Sobre esto último me gustaría reflexionar un poco, ya que es el lugar desde donde pienso el trabajo que estoy haciendo en el taller. Si bien han habido incontables películas de ésta índole en este último tiempo, ha sido realmente escasa la repercusión que han tenido respecto al vigor con que cuentan las (utilizando el término de Comolli) imágenes virtuales. Está claro que la causa que más contribuye a este hecho radica en una desigualdad abismal en términos de producción, financiación, distribución, etc. con que cuentan las industrias del entretenimiento. Pero también es una postura muy cómoda justificar la falta de atracción que generan este tipo de obras (que son muy variadas y difíciles de clasificar) atribuyendo al mercado toda la culpa. Es necesario reflexionar sobre las propias obras, sobre si alcanza con sostener un plano general de tres minutos para lograr que una imagen tenga valor. La respuesta a esto último es un claro no; las imágenes más allá de su duración deben ser precisas y coherentes en su búsquedas. Existe la precisión en el arte. Se puede filmar una acción en  un solo plano durante varios minutos, pero no da igual si esto está justificado o no. Creo que en este sentido se ha instaurado un terreno en el ámbito independiente donde queda justificada la falta de reflexión, la falta de trabajo incluso, y de rigor para con el propio material. Sabemos que muchas de las producciones que circulan en festivales o lugares alternativos, más allá de contener "imágenes contra hegemónicas" contienen, en sí mismas, muy poco valor. Los cineastas como Kiarostami, o Lucrecia Martel y  Lisandro Alonso, para hablar en el ámbito local, son pocos frecuentes. Vale aclarar en este caso que el cine de Martel y el de Alonso poco tienen en común, salvo que pueden pensarse en oposición a un cine comercial, de formas hegemónicas, donde también se puede incluir las series en general y los programas de televisión. 
Retomando lo anterior pareciera que por trabajar sobre "lo real" ya es menester otorgar a ciertas obras un valor artístico. Y esto también lo pienso en relación a Lisandro Alonso, director al cual admiro, pero que en general se le perdona su falta de precisión, su decisión irregular en ocasiones, la falta de unidad de algunas de sus obras, largos pasajes de sus películas donde el relato pierde fuerza, y por el contrario se resaltan sus virtudes (que son muchas). Y esto tiene que ver con lo escaso que resulta un cine como el suyo, con el valor inherente que tiene su forma de trabajar sobre la realidad.

Hago a continuación una extraña cita de "Ana Karenina" de Tolstoi para ilustrar que en realidad la sobre dimensión de una obra realista, en un contexto donde lo común es lo convencional (o lo virtual hoy), es en realidad un problema viejo en el arte. 

"Vorkuev criticaba a este pintor por su crudo realismo. Levin le objetó que aquel realismo era una reacción natural y beneficiosa contra el convencionalismo, que los franceses habían llevado en el arte hasta un extremo al que no había llegado ninguna nación. Y añadió que los pintores franceses, en el hecho de no mentir, veían ya poesía. Ana, comprendiéndole, se sintió animada, le aprobó, y, sonriendo, dijo: – Lo que usted ha dicho ahora caracteriza completamente el actual arte francés –la pintura y hasta la literatura: Zola, Daudet–. Tal vez haya sido siempre así: Se empieza por realizar sus conceptions" por medio de figuras convencionales, imaginarias; pero, luego, todas las combinaciones artificiales, todas las figuras imaginarias, acaban por fatigar, y entonces se empiezan a concebir figuras más justas y naturales"


miércoles, 16 de mayo de 2018

Cine contra espectáculo



Imagen de Nostalgia de Andrei Tarkovski

Quiero exponer algunas ideas que he tomado del libro "Cine contra espectáculo" de Jean-Louis Comolli.

Comolli es un teórico francés muy importante. Fue integrante de la renombrada revista de cine Cahiers du cinéma entre 1962 y 1978. Es también director de cine, profesor e investigador.

Aunque no me siento personalmente cercano a sus películas y su enfoque teórico me resulta un tanto ajeno; muy cargado de una dialéctica marxista, que lo lleva a aplicar una visión materialista de la historia del cine, con una retórica que en mi opinión se pierde en demasiado pormenores. Aun así sus textos tienen pasajes reveladores y sumamente interesantes, producto también de que es un autor con muy buena pluma, y que en ocasiones demuestra una capacidad de síntesis admirable, donde pensamientos y paradigmas complejos quedan expuestos en ingeniosas frases.
No está entre mis libros preferidos sobre cine (lejos de la conmoción que me produce leer - y no solo ver- a Tarkovski, por ejemplo) pero aún así dejo algunas citas que creo que definen un poco mi postura en este blog y que movilizan a la reflexión.

Imagen de King Kong vs. Godzilla de Ishiro Honda 

"En su historia, el cine supuso y construyó más de una vez un espectador digno de ese nombre, capaz no sólo de ver y escuchar (cosa que ya no debe darse por descontada) sino de ver y escuchar los límites del ver y el escuchar. Un espectador crítico. Aquel a quien el espectáculo quiere hacer desaparecer. Aquel de quien nosotros pretendemos que no deje de ser. Ese espectador emancipado que prefiero calificar de crítico.
O bien el espectador que viene hoy se construye contra el espectáculo, o bien desaparece como tal. Lo cual quiere decir que si ya no se es ese espectador "emancipado" o "crítico", ni siquiera se será ya "espectador". El "simple espectador" no existe. El espectador es actor de la representación por el hecho mismo de que participa sensible e imaginariamente en ella."

"Al final de la cadena el formateo de las obras audiovisuales termina por ser un formateo del ver y el escuchar, el sentir y el soñar. En el él hay una disciplina en acción. Las formas recortadas e impuestas son reducciones modelizadas de la facultad de pensar. Como el santo en el desierto, el espectador venidero, si viene, será tentado por la enloquecedora batahola de efectos espectaculares que ocupan las pantallas más vastas y numerosas. Deberá defenderse de ellos, encaminarse a la frustración de su hambre de ver, contrariar y contener su apresuramiento hasta que termine de enceguecerlo el parpadeo de las luces y de ahogarlo la acumulación de efectos visuales y sonoros. El cine se construye y se reconstruye sin cesar en su oposición a la parte espectacular que lo ha llevado en su seno, que lo ha inaugurado."

Elegí una imagen de Nostalgia y otra de King Kong vs Godzilla, para reflejar el lema "Cine contra espectáculo" pero también podría haber sido una de Los hermanos Lumiére y de Meliés.




Llegada del tren a la estación de La Ciotat - hermanos Lumiére
Viaje a la luna - Goerge Meliés


Hay algo que me gustaría dejar en claro. La dimensión del cine como entretenimiento o del cine como espectáculo (donde encontramos el cine de género) no es una dimensión necesariamente negativa. Muy por el contrario grandes películas han surgido desde una lógica plenamente comercial. En lo que se está haciendo eje aquí es que está dimensión a aplacado como en ningún otro arte a la dimensión artística del cine, al punto de que se confunden o se desprestigia esta última. 
Otro punto que me gustaría aclarar es que no necesariamente un cine realista o que trabaje fuertemente con el concepto de real es un buen cine, y un cine de espectáculo un mal cine. Pensando así se puede cometer el riesgo de creer que porque uno se despega de las imágenes televisivas o industriales y filma "lo real" (y ¿Qué es lo real? por otro lado) está haciendo arte. Nada más alejado. Los grandes directores han construido universos propios, imágenes imposibles de encontrar en otro lugar que no sea en sus propios universos imaginarios, en sus propios mundos poéticos. Esto es Tarkovski por ejemplo. Su compromiso con la verdad y con la belleza lo llevó a construir un universo poético único, personal, y sin embargo, muy real. 

En Meliés hay una dimensión interesante, Meliés no filma las calles, no filma a personas que tienen vida fuera de los filmes. De alguna manera construye su propio universo. Pero a pesar de esto, creo que no vuelve nunca sobre la realidad o no profundiza su mirada sobre ella. Ya que en su cine todo está al servicio de un truco ingenioso, de un decorado ampuloso, del impacto visual y de una trama sencilla y burda, que simplemente sea divertida. En Meliés ya está latente la idea, que más tarde Hollywood retomará, del cine como olvido de la realidad.
Por el contrario los hermanos Lumiére poseen, aún en su llana simpleza, y precisamente por esto, una mirada llena de asombro, propia de la poesía. Se revela en ellos la ingenuidad y la fuerza de un encuadre preciso. En sus tomas captan momentos que parecieran pocos importantes, pero que sin embargo reflejan una sensibilidad notoria sobre las personas y el mundo.

Hay algo de esto último que pretendo retomar, y que espero pueda verse reflejado en el taller.

jueves, 10 de mayo de 2018

Primera presentación / Clarificando un poco el rumbo

La primera entrega audiovisual que hice en el taller fue una re-edición de lo subido en la entrada anterior (adjunto el video más abajo).
Busqué centrar la mirada en las personas que navegaron junto a mí en aquel día que fuimos a la isla Paulino. Las tomas del paisaje las eliminé, solo dejé dos planos del río, filmados en su quietud: en uno los rayos del sol juegan con el agua del río oscurecida, bien caída la tarde. Y en el otro el agua se escurre entre las rocas de la escollera. Estos planos los coloqué en el principio y en el final para enmarcar el relato.
Luego el resto de las imágenes son prácticamente las mismas que ya tenía (y que hoy resultan ya escasas) sobre los pasajeros. Pude reutilizar algún que otro material, pero ya con la edición no pude reemplazar lo que nuevas imágenes y un nuevo rodaje si puede brindar. De todas formas ninguno de estos ejercicios son en vanos. Para la próxima vez que vaya a la isla, el próximo sábado es la fecha estimada por ahora, ya tengo más claro qué mirar y que voy a buscar.

Primera Corrección

En general la corrección giró alrededor de la falta de determinación en los planos "interiores" de la embarcación, contrapuesto al movimiento de cámara más sólido del principio y el final del video. Esto al principio me agarró un poco a contrapelo. Pues si bien tenía la misma impresión sobre la indecisión y la falta de consistencia en esos planos, aun así vislumbraba cosas que me atrapaban: El ritmo interno de los movimientos, las miradas, los gestos fugaces, la mirada a cámara con cierta aversión de ese hombre que me hace girar la cámara hacia el río, y unas pocas cosas más.
Pero claro, uno está tan enfrascado mirando y reviendo lo poco que se tiene, que se sobre dimensiona lo que en realidad el frágil material ofrece: Planos de poca duración, pocos premeditados y poco concisos. Y esto sin duda puede verse reflejado en la decisión que tomé de utilizar música de Bach que evidencia un intento por reforzar en el plano sonoro (con sentimientos propios de toda gran música) lo que en las imágenes falta.

Con lo que más me quedo de las correcciones en general y con la mía en particular es con algunas ideas que circularon constantemente: Esto de "quemarse las pestañas" con la idea propia, también la idea de construir lo real más que intentar captarlo sin previa construcción, y en base a esto modificar los espacios, tener mayor control sobre lo filmado, pensar la puesta en escena con mayor rigurosidad, "asiduar" esos lugares. Lograr una intimidad con las personas y el espacio.


Sin duda se despejaron muchas dudas y el rumbo a seguir parece un poco más claro, aunque muy incierto y abierto aun.

https://youtu.be/u2bzGf_MLGo